
JUEVES SANTO DE 1593: LA REBELION QUE NO EXISTIO
1) Introducción:
Francisco Sánchez Solano fue un monje franciscano nacido en Montilla (Andalucía) en 1549 y falleció en Lima en 1610. Hacia 1580 viajó a Lima para luego pasar a la entonces gobernación del Tucumán (1589) [1].
Permaneció varios meses en Talavera de Esteco (al sur de Salta) aprendiendo de una manera rápida y perfecta la lengua de los indios, tanto que estos últimos llegaron a considerarlo “un indio más” o una especie de “encantador”.
También acostumbraba a hablarles a dichos indios con gran dulzura, abrazándolos y besándolos. Tanto amor verdadero a ese prójimo especial contrastaba diametralmente con el maltrato, irrespeto y poca consideración de muchos de aquellos rústicos vecinos españoles que bajo una concepción básica de supervivencia, ambición de “status” social o riquezas buscaban poseer tierras y encomiendas al mejor estilo de la vieja Europa medieval.
En ese contexto no es asombroso que la fama de santo de este hombre extraordinario se haya difundido rápidamente entre todas las tribus del Tucumán, ya se trate de indios “de paz” o “de guerra”, convertidos o no a la fe católica.
Y habiendo sido nombrado “provincial de la Orden” o visitador de conventos, pasará a la ciudad de San Miguel de Tucumán, en donde el párroco Manuel Nuñez lo hallará conviviendo entre los mismos naturales a 30km de esa ciudad, en una casa perteneciente a Pedro Sotelo.
Por fin, en vísperas de semana santa del año 1593, arribará a la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja y sin mucha dilación comenzará con la conversión de los indios.
De su estadía en La Rioja nos concentraremos en un suceso en particular, acaecido un jueves santo de dicho año. Este suceso es tradicionalmente conocido como “la rebelión de los 9000 indios diaguitas en la puerta de la quebrada”.
Para ello, apelaremos al UNICO TESTIMONIO escrito en la época, el cual proviene de un testigo presencial de este acontecimiento cuya naturaleza es objeto de este análisis.
El testigo es el cura de la ciudad de La Rioja, quien fue a buscarlo a San Francisco en las afueras de San Miguel. Estamos hablando del presbítero Manuel Nuñez, cuyo testimonio forma parte de uno de los 12 volúmenes de la “Sagrada Congregación de Ritos” de la biblioteca del Vaticano, en Roma.
Monseñor Caggiano en su artículo sobre la figura de San Francisco Solano es quién nos hace la traducción del latín de este importante testimonio, que es el siguiente:
“En el dia de jueves santo de 1593 en la ciudad de la rioja se encontraban 45 caciques infieles con tropa y con jefe. Pedro Sotelo y este testigo con gran espanto no sabían que hacer con aquella multitud de gentes, y dicho capitán ordeno que todos se armaran para lo que pudiera pasar, y el dicho padre fray francisco solano los arengo a todos y este testigo no sabe en que lengua, porque todos tanto españoles como indios le entendían con grande sentimiento y ferbor y de inmediato los indios puestos de rodillas derramando lagrimas pedían a este padre el bautismo…
…y los retuvo a todos hasta que fueron bautizados cuyo numero era de 9000 indios.”
A continuación, analizaremos cada parte de este documento:
2) La Llegada del Santo: El texto nos dice: EN EL DIA DE JUEVES SANTO…
Si el suceso que estamos estudiando se trató de una rebelión diaguita, los indios decidieron rebelarse casualmente en la misma época en que llegaba San Francisco Solano a la Rioja?
Cabe destacar que ningún documento español de ese entonces (probanzas de méritos de conquistadores, cartas de gobernadores, etc) nos habla de que en el año 1593 haya habido una rebelión en La Rioja.
3) El Encuentro: Después prosigue: EN LA CIUDAD DE LA RIOJA SE ENCONTRABAN 45 CACIQUES…
¿Por qué una masa tan importante de indios (45 caciques y sus tribus) se aglomera y se conduce pacíficamente, atravesando campos, chacras, estancias, y algún puesto de vigilancia de los “alcaldes de la hermandad” [2] hasta “encontrarse cara a cara” con los mismos españoles en la ciudad de La Rioja?
En esa época; las rebeliones se iniciaban ya sea por la muerte de un encomendero, o por el ataque a las caravanas de carretas en caminos poco vigilados por los alcaldes de la hermandad, o por la quema de las iglesias en los llamados “pueblos de indios”[3], o por el sitio de la misma ciudad o fuerte español que se pretendía destruir (con lo que empezaban por quemar las cosechas, matando a la gente de la campiña o cortando el agua que abastecía a estos pequeños núcleos urbanos).
Como es comprensible, muchos encuentros bélicos le habían enseñado a los indios a mantener una prudencial distancia de los arcabuces [4] españoles y casi NUNCA presentaban batalla en campo abierto.
Entonces, ¿Si estos indios hubieran pretendido destruir a la ciudad de La Rioja (como afirman algunos autores) no la hubiesen SITIADO PRIMERO, antes de entrar en contacto con los españoles?
Ahora bien, los papeles de la época no hablan de que en esa fecha La Rioja haya sido sitiada.
Y una vez en La Rioja habrían permitido tan pacíficamente que el capitán Pedro Sotelo y los suyos se armaran para lo que “pudiera pasar”, sobre todo contando con los temibles arcabuces y sin descartar que también poseían armaduras de protección corporal y eran eximios lanceros.
4) Los Indios: El texto habla de CACIQUES INFIELES…
En el castellano del siglo XVI empleado por los conquistadores de estas latitudes nos encontramos que para definir o conceptuar a una masa de indios en estado de rebelión se refieren a los mismos como: “INDIOS INDOMITOS Y BELICOSOS” o “INDIOS DE GUERRA” o “NATURALES QUE NO QUIEREN DAR LA OBEDIENCIA” o “INDIOS ALZADOS Y REBELADOS”
En cambio, vemos por ejemplo a un padre de apellido Angulo, que en Santiago del Estero nos dice:
MUCHOS INDIOS INFIELES SE HAN CONVERTIDO Y BAUTIZADO, por lo que inferimos que la denominación, INFIELES se acomoda más a indios que no han sido cristianizados o bautizados, que a indios en una actitud de bravura, rebelión o alzamiento.
También podrían tratarse de indios que aún no habían sido puestos bajo el sistema de “encomiendas” (indios encomendados al servicio de un vecino español).Recordemos la carta de Ramírez de Velasco al padre jesuita Lafonte : … ” Además de los indios que estaban descubiertos en la provincia de Londres, descubrí mas de otros diez mil, en uno de los más lindos asientos que se pueden desear donde poblé la ciudad de Todos los santos de la Nueva Rioja…DEJO SUJETOS 3000 INDIOS en menos todos de 8 leguas de la ciudad (40km a la redonda)”…con lo que inferimos que aún quedaban bastantes indios por cristianizar y colocar bajo el régimen de “encomiendas”.
De cualquier modo, el cronista Manuel Nuñez no nos da a entender que se trate de indios en una actitud agresiva para con los españoles.
En la próxima nota seguiremos ahondando, descifrando el texto traducido del latín por el padre Caggiano de uno de los documentos menos abordado a lo largo de nuestra historia e intentaremos dar a luz una hipótesis no menos reveladora que terminaría de explicar un vació histórico acerca de aquellos hechos que forman un antes y un después en cuanto a nuestra idiosincrasia.
[1] En esa época la gobernación del Tucumán comprendía 5 pequeñas ciudades hispanas: Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Talavera de Esteco, Salta y Córdoba. Pocos años después y como un intento de refundar la desaparecida ciudad de Londres se fundaría La Rioja
[2] Los “alcaldes de la hermandad”, fue un cuerpo de soldados creados por el gobernador Ramírez de Velasco que tenían por función vigilar los caminos, prevenir emboscadas, etc. constituyéndose así en la primera “policía” de la época.
[3] Las ordenanzas de la época estipulaban que los pueblos de indios debían tener sus propias plazas, iglesias y hasta pequeños “órganos” de gobierno, tal vez como un intento de aproximación a las ciudades hispanas.
[4] El Arcabuz, un armas ya antigua en esa época, fue un arma de fuego de poca precisión que se disparaba por la acción de una mecha encendida y cuyo alcance era de aproximadamente 150 mts.
BIBLIOGRAFIA PRINCIPAL:
● La Figura de San Francisco Solano y su Actuación en el Tucumán, según el proceso de beatificación y canonización instruido en Lima y conservado en los Archivos Vaticanos de la “Sagrada Congregación de Ritos” –Cardenal Antonio Caggiano - Academia Nacional de la Historia- VOL XXIV
● Nueva Crónica De La Conquista De Tucumán TIII – Levillier
● Bosquejo Histórico de la Provincia de La Rioja- Marcelino Reyes
● Vida de San Nicolás -Abel Bazan y Bustos.
1) Introducción:
Francisco Sánchez Solano fue un monje franciscano nacido en Montilla (Andalucía) en 1549 y falleció en Lima en 1610. Hacia 1580 viajó a Lima para luego pasar a la entonces gobernación del Tucumán (1589) [1].
Permaneció varios meses en Talavera de Esteco (al sur de Salta) aprendiendo de una manera rápida y perfecta la lengua de los indios, tanto que estos últimos llegaron a considerarlo “un indio más” o una especie de “encantador”.
También acostumbraba a hablarles a dichos indios con gran dulzura, abrazándolos y besándolos. Tanto amor verdadero a ese prójimo especial contrastaba diametralmente con el maltrato, irrespeto y poca consideración de muchos de aquellos rústicos vecinos españoles que bajo una concepción básica de supervivencia, ambición de “status” social o riquezas buscaban poseer tierras y encomiendas al mejor estilo de la vieja Europa medieval.
En ese contexto no es asombroso que la fama de santo de este hombre extraordinario se haya difundido rápidamente entre todas las tribus del Tucumán, ya se trate de indios “de paz” o “de guerra”, convertidos o no a la fe católica.
Y habiendo sido nombrado “provincial de la Orden” o visitador de conventos, pasará a la ciudad de San Miguel de Tucumán, en donde el párroco Manuel Nuñez lo hallará conviviendo entre los mismos naturales a 30km de esa ciudad, en una casa perteneciente a Pedro Sotelo.
Por fin, en vísperas de semana santa del año 1593, arribará a la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja y sin mucha dilación comenzará con la conversión de los indios.
De su estadía en La Rioja nos concentraremos en un suceso en particular, acaecido un jueves santo de dicho año. Este suceso es tradicionalmente conocido como “la rebelión de los 9000 indios diaguitas en la puerta de la quebrada”.
Para ello, apelaremos al UNICO TESTIMONIO escrito en la época, el cual proviene de un testigo presencial de este acontecimiento cuya naturaleza es objeto de este análisis.
El testigo es el cura de la ciudad de La Rioja, quien fue a buscarlo a San Francisco en las afueras de San Miguel. Estamos hablando del presbítero Manuel Nuñez, cuyo testimonio forma parte de uno de los 12 volúmenes de la “Sagrada Congregación de Ritos” de la biblioteca del Vaticano, en Roma.
Monseñor Caggiano en su artículo sobre la figura de San Francisco Solano es quién nos hace la traducción del latín de este importante testimonio, que es el siguiente:
“En el dia de jueves santo de 1593 en la ciudad de la rioja se encontraban 45 caciques infieles con tropa y con jefe. Pedro Sotelo y este testigo con gran espanto no sabían que hacer con aquella multitud de gentes, y dicho capitán ordeno que todos se armaran para lo que pudiera pasar, y el dicho padre fray francisco solano los arengo a todos y este testigo no sabe en que lengua, porque todos tanto españoles como indios le entendían con grande sentimiento y ferbor y de inmediato los indios puestos de rodillas derramando lagrimas pedían a este padre el bautismo…
…y los retuvo a todos hasta que fueron bautizados cuyo numero era de 9000 indios.”
A continuación, analizaremos cada parte de este documento:
2) La Llegada del Santo: El texto nos dice: EN EL DIA DE JUEVES SANTO…
Si el suceso que estamos estudiando se trató de una rebelión diaguita, los indios decidieron rebelarse casualmente en la misma época en que llegaba San Francisco Solano a la Rioja?
Cabe destacar que ningún documento español de ese entonces (probanzas de méritos de conquistadores, cartas de gobernadores, etc) nos habla de que en el año 1593 haya habido una rebelión en La Rioja.
3) El Encuentro: Después prosigue: EN LA CIUDAD DE LA RIOJA SE ENCONTRABAN 45 CACIQUES…
¿Por qué una masa tan importante de indios (45 caciques y sus tribus) se aglomera y se conduce pacíficamente, atravesando campos, chacras, estancias, y algún puesto de vigilancia de los “alcaldes de la hermandad” [2] hasta “encontrarse cara a cara” con los mismos españoles en la ciudad de La Rioja?
En esa época; las rebeliones se iniciaban ya sea por la muerte de un encomendero, o por el ataque a las caravanas de carretas en caminos poco vigilados por los alcaldes de la hermandad, o por la quema de las iglesias en los llamados “pueblos de indios”[3], o por el sitio de la misma ciudad o fuerte español que se pretendía destruir (con lo que empezaban por quemar las cosechas, matando a la gente de la campiña o cortando el agua que abastecía a estos pequeños núcleos urbanos).
Como es comprensible, muchos encuentros bélicos le habían enseñado a los indios a mantener una prudencial distancia de los arcabuces [4] españoles y casi NUNCA presentaban batalla en campo abierto.
Entonces, ¿Si estos indios hubieran pretendido destruir a la ciudad de La Rioja (como afirman algunos autores) no la hubiesen SITIADO PRIMERO, antes de entrar en contacto con los españoles?
Ahora bien, los papeles de la época no hablan de que en esa fecha La Rioja haya sido sitiada.
Y una vez en La Rioja habrían permitido tan pacíficamente que el capitán Pedro Sotelo y los suyos se armaran para lo que “pudiera pasar”, sobre todo contando con los temibles arcabuces y sin descartar que también poseían armaduras de protección corporal y eran eximios lanceros.
4) Los Indios: El texto habla de CACIQUES INFIELES…
En el castellano del siglo XVI empleado por los conquistadores de estas latitudes nos encontramos que para definir o conceptuar a una masa de indios en estado de rebelión se refieren a los mismos como: “INDIOS INDOMITOS Y BELICOSOS” o “INDIOS DE GUERRA” o “NATURALES QUE NO QUIEREN DAR LA OBEDIENCIA” o “INDIOS ALZADOS Y REBELADOS”
En cambio, vemos por ejemplo a un padre de apellido Angulo, que en Santiago del Estero nos dice:
MUCHOS INDIOS INFIELES SE HAN CONVERTIDO Y BAUTIZADO, por lo que inferimos que la denominación, INFIELES se acomoda más a indios que no han sido cristianizados o bautizados, que a indios en una actitud de bravura, rebelión o alzamiento.
También podrían tratarse de indios que aún no habían sido puestos bajo el sistema de “encomiendas” (indios encomendados al servicio de un vecino español).Recordemos la carta de Ramírez de Velasco al padre jesuita Lafonte : … ” Además de los indios que estaban descubiertos en la provincia de Londres, descubrí mas de otros diez mil, en uno de los más lindos asientos que se pueden desear donde poblé la ciudad de Todos los santos de la Nueva Rioja…DEJO SUJETOS 3000 INDIOS en menos todos de 8 leguas de la ciudad (40km a la redonda)”…con lo que inferimos que aún quedaban bastantes indios por cristianizar y colocar bajo el régimen de “encomiendas”.
De cualquier modo, el cronista Manuel Nuñez no nos da a entender que se trate de indios en una actitud agresiva para con los españoles.
En la próxima nota seguiremos ahondando, descifrando el texto traducido del latín por el padre Caggiano de uno de los documentos menos abordado a lo largo de nuestra historia e intentaremos dar a luz una hipótesis no menos reveladora que terminaría de explicar un vació histórico acerca de aquellos hechos que forman un antes y un después en cuanto a nuestra idiosincrasia.
[1] En esa época la gobernación del Tucumán comprendía 5 pequeñas ciudades hispanas: Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Talavera de Esteco, Salta y Córdoba. Pocos años después y como un intento de refundar la desaparecida ciudad de Londres se fundaría La Rioja
[2] Los “alcaldes de la hermandad”, fue un cuerpo de soldados creados por el gobernador Ramírez de Velasco que tenían por función vigilar los caminos, prevenir emboscadas, etc. constituyéndose así en la primera “policía” de la época.
[3] Las ordenanzas de la época estipulaban que los pueblos de indios debían tener sus propias plazas, iglesias y hasta pequeños “órganos” de gobierno, tal vez como un intento de aproximación a las ciudades hispanas.
[4] El Arcabuz, un armas ya antigua en esa época, fue un arma de fuego de poca precisión que se disparaba por la acción de una mecha encendida y cuyo alcance era de aproximadamente 150 mts.
BIBLIOGRAFIA PRINCIPAL:
● La Figura de San Francisco Solano y su Actuación en el Tucumán, según el proceso de beatificación y canonización instruido en Lima y conservado en los Archivos Vaticanos de la “Sagrada Congregación de Ritos” –Cardenal Antonio Caggiano - Academia Nacional de la Historia- VOL XXIV
● Nueva Crónica De La Conquista De Tucumán TIII – Levillier
● Bosquejo Histórico de la Provincia de La Rioja- Marcelino Reyes
● Vida de San Nicolás -Abel Bazan y Bustos.
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